SEMINARIO
 

PERSPECTIVAS TEÓRICAS Y METODOLÓGICAS EN LA ARQUEOLOGÍA
17, 18 y 21 de noviembre de 2005
Pontificia Universidad Católica del Perú
Facultad de Letras y Humanidades
Aula H-205

Las tres jornadas del seminario fueron realizadas con éxito. La notable asistencia demuestra el interés y demanda por ventilar –de manera abierta y sin dogmatismos– estos temas en la formación de los futuros arqueólogos en el país. No pocas veces, las presentaciones expresaron premisas teóricas diferentes que fueron discutidas en términos claros y con altura.

Agradecemos al Dr. Cristóbal Makowski, Decano de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Pontificia Universidad Católica del Perú quien gentilmente y, a solicitud nuestra, nos brindó el escenario donde se desarrolló el evento. A continuación presentamos las reseñas de las conferencias. La edición de las mismas fue realizada mediante la revisión de las filmaciones.

Lic. Victor Falcón Huayta

 
AUSPICIADORES:
- Facultad de Letras y Humanidades de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
- Escuela de Arqueología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
- Ministerio de Cultura de España.
- Universidad Autónoma de Barcelona (España).
- Proyecto Arqueológico La Puntilla - Equipo Científico.
- Arqueostudio s.a.c.
 
DE LAS EXPOSICIONES:
 
INDICE:
1 «SOCIOLOGÍA ARQUEOLÓGICA DE LAS SITUACIONES HISTÓRICAS. TRABAJO, PRODUCCIÓN Y PRÁCTICAS SOCIALES«

2 «EL URBANISMO EN LOS ANDES: RETOS DE LA ARQUEOLOGÍA COMPARADA«

3 «PERSPECTIVAS ARQUEOLÓGICAS SOBRE LA GUERRA PREHISPÁNICO«

4«ARQUEOLOGÍA Y MUJERES. MATERIALISMO HISTÓRICO Y FEMINISMO»

5 «MÉTODOS EN ARQUEOLOGÍA: ENTRE EL DATO EMPÍRICO Y EL DATO HISTÓRICO»

6 «LA ARQUEOLOGÍA COMO COMPRENSIÓN HISTÓRICA: EL CASO DE CONCHOPATA, AYACUCHO»

7 « ALCANCES Y VICISITUDES DE ACEPCIONES Y TÉRMINOS EN ARQUEOLOGÍA »

8 «RITUAL Y ARQUITECTURA EN UN CONTEXTO DE COMPLEJIDAD EMERGENTE: EL CASO DE CERRO LAMPAY, VALLE DE FORTALEZA»

9 «UNIDADES MULTICOMPONENTES: EL USO DEL MUESTREO SISTEMÁTICO AL AZAR EN CHAVÍN DE HUÁNTAR»
 
 
 
 
SOCIOLOGÍA ARQUEOLÓGICA DE LAS SITUACIONES HISTÓRICAS. TRABAJO, PRODUCCIÓN Y PRÁCTICAS SOCIALES

Dr. Pedro V. Castro Martínez
(Universidad Autónoma de Barcelona, España)
pedro.castro@uab.es

El ponente comenzó su intervención señalando que iba a presentar el conjunto de fundamentos que constituyen el corpus de teoría social y arqueológica que guía la ejecución del Proyecto La Puntilla (en Nasca, Ica). Señaló que es el resultado de un largo debate entre investigadores e investigadoras de las universidades españolas Autónoma de Barcelona y de Almería. Subrayó que, en gran medida, este corpus se asienta sobre la base del materialismo histórico, del feminismo materialista y del realismo científico.

El concepto de «situación histórica» fue propuesto como punto de partida para definir una realidad hacia la que iniciar una aproximación a su conocimiento, es decir como el mundo social que es posible conocer a través de la arqueología. Con esta noción la propuesta del ponente se aleja de los criterios de demarcación que a lo largo de la historia de nuestra disciplina han sido utilizadas para sintetizar, organizar y construir universos arqueológicos:

- Periodos regionales: una suerte de compartimentos estancos, con líneas divisorias rígidas que separan lapsos de tiempo, con una caracterización de índole cronológico-cultural basada en tipos diagnósticos y rasgos seleccionados para cada región concreta.

- Ciclos culturales: no necesariamente sucesivos, sino que a veces coexisten, y que juegan con la perspectiva idea de la vida histórica de las culturas: su nacimiento, emergencia, auge, decadencia y muerte, en espacios específicos (áreas culturales) son los eventos destacados en la historia.

- Procesos de los sistemas socio-culturales: donde la dinámica de los sistemas se concibe en términos de cambio de lo simple a lo complejo. Aquí, el tiempo adquiere la configuración de flechas ancladas en dataciones concretas; aunque, los procesos aparecen al margen de la historia. En su concepción ahistórica los sistemas socioculturales llegarían a su máxima estructuración (gestión eficaz de materia, energía e información) para luego disolverse. Es frecuente que encontremos fines de procesos al mismo tiempo que inicio de otros, configurando paradojas de difícil explicación.

- Estadíos evolutivos: en donde se definen “eras” a través de las cuales transita la historia humanidad, destacándose crecimientos económicos y técnicos, trayectorias de progreso que, en última instancia sitúan el presente como el mejor de los mundos posibles.

Castro Martínez deslindó posiciones con estos enfoques pues –según él– la realidad no tiene nada que ver con estos esquemas o formulaciones abstractas, sino que resulta más complicada y rica en relaciones. Lo que harían estos esquemas es convertir en protagonistas de la historia a entidades caracterizadas a partir de la selección de sólo algun aspecto muy concreto de las realidades sociales que encontramos en una situación histórica determinada, privilegiándolos sobre el conjunto y, muchas veces, silenciando y ocultando aspectos fundamentales de la vida social.

Desde su perspectiva, las situaciones históricas –polifacéticas y multidimensionales– se despliegan en un lapso de tiempo y están constituidas por factores como las relaciones centro-periferia, los ámbitos de prácticas sociales, las redes sociales, las relaciones establecidas en lugares sociales y la realidad de las relaciones intersubjetivas entre colectividades. Las relaciones entre colectivos, posibles en las condiciones materiales de existencia de la vida social producidas mediante el trabajo, son las que permiten conocer la realidad de una situación histórica, y abordar cuestiones fundamentales, como responder a una cuestión central, si existen relaciones simétricas y/o de reciprocidad o si, por el contrario, se imponen relaciones disimétricas y de explotación.

En el marco de las relacionas sociales que tienen su lugar en las situaciones históricas, limitadas a un lapso de tiempo, Castro Martínez planteó acotar y reseguir ámbitos de relaciones específicas, para responder a cuestiones relevantes claramente formuladas.

Para demarcar temporalmente las situaciones históricas se planteó la necesidad de establecer criterios empíricos claros, sustentados en cronometrías independientes, como pueden ser las series de dataciones radiocarbónicas rigurosamente contextualizadas. Paralelo a ello se deberían tener en cuenta las continuidades y discontinuidades de los distintos ámbitos de las relaciones sociales y de las condiciones de reproducción de la vida social, detectando inflexiones y rupturas de las estructuras en las que se concretan las prácticas sociales. Todo ello daría sentido al conocimiento que podamos obtener, a través de la arqueología, de la vida social en cada tiempo histórico.


Las condiciones objetivas que permiten la vida social y que se manifiestan en la materialidad de la actividad social (es decir, en los objetos socialmente producidos a través del trabajo de hombres y mujeres, así como en las propias mujeres y hombres), son las que fundamentan las prácticas sociales. Pero a su vez, esas condiciones objetivas y las propias prácticas sociales requieren de una producción social a través del trabajo. Producción social que debe entenderse que engloba no solo la obtención y/o fabricación de objetos, sino también la producción de indivíduos, de mujeres y hombres, es decir la producción

básica de cuerpos (la reproducción biológica), así como los trabajos de mantenimiento, tanto de los objetos producidos como de los propios hombres y mujeres. Por todo ello, debemos proponernos el conocimiento del trabajo involucrado en la obtención de materia base, en su transformación en productos, en su mantenimiento y/o en el consumo de los productos finales por parte de los sujetos, o en el uso social de los objetos finales en las prácticas político-ideológicas.

Puesto que el trabajo da vida social a la materia, pero a con una finalidad social, y con una vinculación directa al uso-consumo al que están destinados los productos, se subrayó la necesidad de distinguir entre sujetos sociales y objetos. Los sujetos sociales (colectivos de hombres y/o mujeres) somos quienes realizamos el trabajo y quienes, en última instancia nos beneficiamos de lo producido. Se señaló la importancia de atender a la realidad de las condiciones de trabajo, de acceso a lo producido y de la calidad de vida de los colectivos sociales, ya que en ello se asienta la vida social. Determinar, en función de ello, si existen situaciones de equidad o de dominio, de reciprocidad o de explotación, y cuales son los mecanismos para sostener las prácticas económicas y político-ideológicas que hacen posible esas relaciones, debería ser el objetivo prioritario de una arqueología social.

En una dimensión más específicamente arqueológica, Castro Martínez señaló que para un correcto análisis arqueológico es imprescindible obtener registros que delimiten conjuntos arqueológicos estructurados (contextos de actividad social). Esos espacios sociales, donde la materialidad se estructura de acuerdo con las actividades sociales realizadas, se configuran como los lugares de las prácticas sociales.

Para conocer la realidad de los lugares sociales debemos tener en cuenta que existen dos categorías de objetos arqueológicos que podemos vincular a los conjuntos socialmente estructurados: los productos (la materia física transformada por el trabajo) y los subproductos (los residuos de las actividades sociales).

Igualmente, debe tenerse en cuenta que es necesario establecer si existe o no transitividad entre objetos (productos-subproductos), es decir, si la evidencia vincula materia base-medios de trabajo-subproductos-productos finales, con lo que podremos afirmar la existencia de trabajos económicos de transformación. Si no existe transitividad, los objetos deben considerarse productos singulares vinculados a prácticas político-ideológicas.

Por su parte, los lugares sociales deben analizarse con la finalidad de determinar si existe o no recurrencia de actividades. De ser ese el caso, la recurrencia nos informará de lugares asociables a unidades domésticas. Por el contrario, la singularidad de las presencias y activicades en los lugares sociales los ubica en esferas supradomésticas de articulación económico-político-ideológica de la vida social.

En la parte final de su disertación, Castro señaló la importancia de entender cómo funcionan los asentamientos, por las lecturas que acarrea en cuanto a la división social del trabajo y en cuanto a las lecturas mecánicas que identifican especialización del espacio, del trabajo y los asentamientos con determinadas formas de relación político-económica. Por ejemplo, la identificación mecánica entre ciudad, clases sociales, estado y complejidad. Señaló que existe la posibilidad de encontrarse ante ciudades sin que necesariamente se tenga que encontrar realidades sociales de tipo estatal y disimetrías que impliquen explotación entre colectivos.

En ese sentido, consideró básico establecer conceptos claros y explícitos desde el inicio de una investigación. Sobre todo con el fin de clarificar las realidades sociales que podemos conocer a través de la arqueología. El Proyecto La Puntilla tiene como fin, precisamente, el conocimiento de las condiciones de la vida social en la Costa Sur del Perú y pretende hacerlo a la luz de las implicaciones de conceptos como los aquí presentados.

 
 

EL URBANISMO EN LOS ANDES: RETOS DE LA ARQUEOLOGÍA COMPARADA


Dr. Cristóbal Makowski Hanula
(Pontificia Universidad Católica del Perú)
kmakows@pucp.edu.pe

Esta disertación se inició con un rápido recuento de los diferentes tipos de ciudades en el mundo antiguo. Sin pretender agotar las fuentes, Makowski mencionó el “urbanismo evolutivo” con ciudades como las surgidas en Mesopotamia y Teotihuacan y el “urbanismo compulsivo” con centros ceremoniales como aquellos de Egipto y China. Además de una multiplicidad de urbanismos emergentes inducidos en las semi periferias de los sistemas-mundo también emergentes: ciudades-estado mercantes (“piratas” en un término acuñado esa noche), palacios fortificados de elites mercantes como Troya, u otros abiertos –también de elites mercantes– como Etna, ciudades-emporio como Biblos, ciudades fortificadas como Ur en Mesopotamia, colonias en las fuentes de materia prima, el sistema capital urbano con palacio y haciendas rurales como en Siria y hasta cierto punto Egipto, ciudades-estado con colonias agrícolas, el urbanismos clásico de Atenas y la colonización griega de la segunda etapa, etc. Con un seguimiento desde el urbanismo de las ciudades greco-romanas que pasan a España, Makowski señaló que ese fue el derrotero del concepto de ciudad planificada que llega a los Andes.

Con esta introducción de ejemplos-tipo llegamos al escenario de los Andes Centrales en donde recientes investigaciones en la costa norcentral del país plantean la existencia de “capitales” (Caral en el valle de Supe es el ejemplo más conocido en la actualidad) de una formación estatal temprana. Un “urbanismo precerámico” en donde las sociedades complejas se definen como urbanas desde sus orígenes. Makowski señaló que no tiene problemas con escenarios que puedan ser demostrados, pero que tal planteamiento –tal vez sin proponérselo– es una especie de reducción al absurdo de los planteamientos tradicionales de la arqueología procesual (inspirada por Steward) y, asimismo, influenciada por el modelo de evolución urbana de G. Childe. Además, si aceptamos tal planteamiento hay numerosas preguntas –hasta hora sin respuestas– como:

1) ¿Qué tipo de urbanismo pudo haberse desarrollado en un contexto tecnológico correspondiente a un periodo formativo Precerámico, anterior a la domesticación de camélidos, con agricultura de nivel incipiente y sin transporte?.
2) ¿Por qué la tradición arcaica de la arquitectura ceremonial desaparece al inicio del Horizonte Temprano, salvo en algunos centros de la sierra como Chavín de Huántar y Kuntur Wasi, y no se registran niveles semejantes del esfuerzo constructivo mancomunado a nivel local, hasta la conquista española?.
3) ¿Por qué el patrón de asentamiento del periodo Precerámico tardío, supuestamente urbano, guarda pocas similitudes con el urbanismo en la costa norte durante el Horizonte Medio, un periodo en el que varios estados regionales –cuya existencia está fuera de discusión– se enfrentaron por la hegemonía?, ¿Por qué son urbanismos tan diferentes?.


CARAL: Foto aérea (Kosok, 1965)
.

Finalmente, dijo que no tenemos una visión común del concepto de urbanismo. En este sentido ensayó –con fines didácticos– cuatro propuestas de urbanismo en los Andes. Las primeras tres registran un vínculo entre las formulaciones de Collier, Rowe y Lumbreras desprendidas de definiciones comparativas, pragmáticas y axiomáticas –respectivamente– del fenómeno urbano.

1) Según Collier –y cita– “el desarrollo cultural en la costa del Perú sigue la línea evolutiva que Adams y Wittfogel observaron en los restantes focos prístinos de civilización. Entre el fin del periodo Formativo y el periodo de los Desarrollos Regionales la introducción del riego forzado y el desarrollo de otras tecnologías (ganadería, metalurgia) habrían hecho posible un marcado aumento de población. En consecuencia, se habrían producido conflictos armados, apareció la elite guerrera la que pronto habría entrado en el conflicto latente con la vieja elite sacerdotal del Formativo. De este modo, se habrían creado condiciones para que los señoríos teocráticos del Formativo se transformen en estados seculares-militaristas y expansionistas, por ejemplo, Wari. Aquella secuencia hipotética de estadíos se verían fundamentada por la siguiente evolución de formas arquitectónicas: centros ceremoniales del Formativo y capitales de estados regionales (pueblos grandes aglutinados alrededor de enormes templos), tipos urbanos de poblamiento planeado cuya aparición estaría relacionada con la aparición del estadío militarista” (Wari).
Luego de una serie de consideraciones en donde se enfatizaron los trabajos de Schaedel, Shimada e Isbell, señaló que los seguidores del enfoque comparativo consideran que el fenómeno urbano es “tardío”, naciendo entre los siglos VII y IX d. C., y estaría relacionado directamente con la transformación de cacicazgos en estados expansivos.

2) A diferencia de Schaedel, John Rowe no le dio demasiada importancia a los criterios formales, demográficos y de organización espacial. Según este investigador, la distribución nuclear no es por sí sola diagnóstica para los sistemas urbanos, puesto que se conocen tipos de organización con asentamientos grandes y redes de asentamientos secundarios y terciarios en zonas mayormente rurales desde la antigüedad clásica. El concepto de ciudad de Rowe es pragmático y de orden funcional pues la define como “lugar de residencia permanente de administradores, comerciantes, artesanos y militares”. La presencia de una población permanente permitiría hacer la distinción entre una ciudad y un centro ceremonial, mientras que el tipo de ocupación –no el tamaño– marca la diferencia entre una ciudad y un pueblo. Los asentamientos que carecen de núcleos públicos formalmente diferenciados y que ocupan un área menor a 4 ha son de naturaleza aldeana. Las evidencias sugeridas para determinar si un asentamiento fue una ciudad, un centro ceremonial o un centro administrativo no se consiguen sin excavaciones sistemáticas y a largo plazo.
En esta parte de su disertación Makowski señaló que los partidarios del enfoque pragmático usan a menudo los siguientes tres términos como sinónimos o como términos compuestos: “ciudad sagrada”, “centro ceremonial administrativo” o “centro ceremonial poblado”, pues no han determinado con seguridad quienes ocupan el tejido urbano, introduciendo elementos desconcertantes y ambiguos en la discusión.
Seguidamente, indicó que Richard Burger, siguiendo las pautas de Rowe propuso un urbanismo incipiente para Chavín de Huántar y otros investigadores –como inicialmente J. Hass– remontan la presencia de la ciudad al Formativo y el Arcaico tardío.
Asimismo, el expositor dejó claramente establecido que el caso peruano es excepcional pues desde el Arcaico tardío al Formativo temprano (o el tránsito del Precerámico al periodo Inicial) se presentan en los asentamientos:
- Diseños espaciales ordenados y planificados.
- Complejidad formal y diferenciación funcional de la arquitectura monumental.
- Presencia de zonas de vivienda y de preparación de alimentos en la vecindad.
Según Makowski, Ruth Shady (investigadora de Caral) utilizaría estos indicadores y conjugaría –un tanto eclécticamente– conceptos de Childe y Carneiro para fundamentar su propuesta.

3) Por otra parte, los partidarios de la perspectiva axiomática se basan en fundamentos expuestos por Childe y el materialismo histórico, en donde extensos complejos de arquitectura monumental tienen un correlato necesario con la existencia de la complejidad socio-económica capaz de la producción de excedentes, la aparición de clases sociales y el Estado despótico con su “aparato coercitivo”. Estos factores serían universales e inseparables de los orígenes de la civilización.
En la arqueología andina este planteamiento se introdujo a raíz de la interpretación del modelo de D. Collier por Luis G. Lumbreras y su discípulo J. Canziani, influenciando a los arqueólogos peruanos del mismo modo en que los planteamientos de Collier y Schaedel influenciaron a los estudiosos norteamericanos.
Sin embargo, el tema es complejo, pues en muchas situaciones sociales la elite no vive en la ciudad (por ejemplo, en el período del bronce en Siria del norte y la Edad Media Temprana en Europa).
Siempre de acuerdo con Makowski, originalmente Lumbreras relacionaba el origen del fenómeno urbano en los Andes Centrales con las causas que hicieron surgir el Estado expansivo Wari entre los siglos V-VI d. C.; sin embargo, los avances de los estudios en los periodos Formativo y Arcaico tardío le han hecho cambiar de opinión, retrocediendo la fecha de la aparición del fenómeno hasta el primero de los periodos.

4) Finalmente, el expositor presentó la propuesta a la cual se afilia, señalándola como “funcional” y que se fundamenta en una arqueología basada en contextos bien excavados y evidencias correctamente registradas. Esta línea teórica habría surgido en las últimas dos décadas a raíz de las discordancias entre los marcos teóricos en boga y las evidencias, pues las áreas de ocupación permanente de los centros urbanos andinos representaban menos del 10 por ciento del área total, la mayor parte de las estructuras monumentales tenían funciones ceremoniales (incluyendo las funerarias) y administrativas eventuales, en las estructuras menores se encontraban depósitos y talleres de producción de parafernalia de culto. Así, las denominaciones de “centro administrativo religioso” o “complejo palaciego” se adecuan mejor a la función de los conjuntos arquitectónicos excavados que aquella de “ciudad”. Makowski sostiene que “la similitud de formas arquitectónicas no implica necesariamente un parentesco funcional cuando se compara sociedades diferentes en aspectos de economía, organización social, cosmovisión y ejercicio del poder”. Estas consideraciones permitirían perfilar un “urbanismo andino” inspirado en las propuestas que J. Rowe hiciera para el Cusco, J. Murra y C. Morris para Huánuco Pampa, H. Silverman para Cahuachi, M. Anders sobre Azángaro o A. Kolata para Tiahuanaco, todos ellos arqueólogos que buscarían entender el fenómeno andino en su propio contexto.


TIAHUANACO. Templo de Kalasasaya (Foto V.F.H.)

En un planteamiento provocador, Makowski sostuvo que las sociedades andinas eran “antiurbanas” en esencia, en el sentido de que su organización socio-económica tiene una lógica diferente al urbanismo evolutivo de Mesopotamia pero similar al urbanismo egipcio, lo que finalmente podría ser denominado un “urbanismo compulsivo de Estado”. Aconsejó “sacar de nuestra mente” la herencia dejada por cierta parte de la antropología norteamericana que planteaba que el

urbanismo era necesariamente secular y hasta similar a aquél del decimonónico; dijo que podría ser útil retomar ciertas líneas del pensamiento neomarxista cuidando de no ser conducidos a “callejones” que nos llevan al, por ejemplo, “modo de producción tributario”; un sesgo producto de la formación casi exclusivamente marxista de toda una generación de arqueólogos peruanos.
 
 

«PERSPECTIVAS ARQUEOLÓGICAS SOBRE LA GUERRA PREHISPÁNICA»


Mg. Iván Ghezzi
(Pontificia Universidad Católica del Perú)
ighezzi@yahoo.com

Luego de ponderar la importancia de la guerra como uno de los fenómenos más dramáticos en la historia de la humanidad, Ghezzi destacó que las causas de este fenómeno se han ventilado en debates que en última instancia recaen en el planteamiento de la naturaleza intrínseca del hombre primitivo: naturalmente violento o pacífico, prácticamente naciendo con la humanidad o producto cultural humano. Esta última posición es la más favorecida por los antropólogos concibiéndola como un fenómeno finito, con un principio y posible final. Entre las disciplinas de las ciencias sociales y políticas, sólo la arqueología permite un cercamiento al fenómeno de la guerra en circunstancias diferentes a las del mundo de hoy, pues si sólo tomáramos en cuenta los registros históricos o la bibliografía concluiríamos rápidamente que la guerra es omnipresente e inevitable, lo cual conduciría a consecuencias en la geopolítica mundial de hoy.

Siguiendo a Ghezzi, a través de las evidencias arqueológicas distribuidas hasta profundidades temporales considerables y, en el caso de los Andes, imposibles de alcanzar por otras ciencias, podemos exponer variables desconocidas que enriquezcan el debate sobre los orígenes, evolución, causas y consecuencias de la guerra. Así, actualmente tenemos dos posiciones principales, aquellos que sostienen que la guerra tiene una base biológica, que surgió con el hombre y que ha caracterizado a todas las sociedades del mundo (las “águilas”) y, en la otra parte, los que piensan que la guerra surge con las primeras civilizaciones y que las sociedades pre-estatales sólo sostenían combates rituales. Entre estos últimos, y para el caso andino, se destacan los planteamientos de los esposos John y Teresa Topic.

La interpretación de las mismas evidencias arqueológicas pueden configurar posiciones notablemente contrapuestas. Así, tenemos que un mismo complejo monumental puede ser asignado a funciones ceremonial-administrativas o defensivas; o una escena pictográfica Moche puede ser concebida como la representación de un combate ritual; o las cabezas trofeo Nasca una consecuencia de guerras o sacrificios rituales de prisioneros, etc. Para superar estas posturas Ghezzi propone rechazar los planteamientos dicotómicos y excluyentes, y considerar que la guerra –en las sociedades tradicionales– es multidimensional, con aspectos seculares y rituales, y con una compleja interacción entre las mismas.

Luego de considerar una serie de evidencias materiales que los arqueólogos podríamos encontrar en el campo y que serían indicadores de conflictos armados, Ghezzi pasó a examinar el caso de Chankillo, un complejo monumental del Formativo tardío ubicado en el valle de Casma, costa norcentral del país. Resaltó el emplazamiento en una colina 180 m sobre el piso del valle aledaño, la presencia de dos recias murallas concéntricas, los accesos restringidos e indirectos y evidencias de la existencia de algún tipo de puerta en ellos. En la parte central del complejo, dos estructuras circulares y una rectangular se erigen sobre una plataforma. A pesar de las características formales de su arquitectura, el carácter defensivo (fortaleza) de Chankillo ha sido cuestionado por varios investigadores. Sin embargo, las recientes excavaciones de Iván Ghezzi en este lugar habrían identificado los principales indicadores de un complejo defensivo además de otras evidencias, como son:

- Parapeto, identificado en el muro de contención de la plataforma central.
- Miles de cantos rodados dispersos y asociados a varias cabezas de porras fragmentadas, encontrados entre las laderas de la colina y Chankillo. La fuente de estos cantos rodados es el lecho del río Casma, distante a unos 2 Km.
- Miniaturas modeladas con características claras de armas y figulinas de cerámica en donde parejas de guerreros armados se baten en duelo.


CHANKILLO: Vista de planta
(Kosok, 1965).

Este investigador concluye que Chankillo fue una fortaleza en donde se habrían conjugado funciones bélicas y rituales. Estas últimas representadas por los contextos definidos en la estructura rectangular (Templo de los Pilares) de la plataforma central, que se interpreta como un observatorio astronómico que, vinculado a trece torres ubicadas en una colina cercana, habrían permitido la observación del solsticio de diciembre. A este hecho se suma la presencia de un mural en bajo relieve con rostros estilizados y dispuestos en paneles.

Evidencias adicionales conducen a proponer una destrucción violenta de este “templo fortificado”, un nuevo concepto propuesto por Ghezzi.


CHANKILLO: En primer plano las estructuras circulares de la plataforma central. Nótese al fondo a la izquierda las trece torres sobre la colina (Kosok, 1965).

Estas nuevas evidencias configuran las características de un escenario que escapa a los conceptos clásicos sobre la guerra y sus causas y que, además, se definen por posiciones excluyentes. Chankillo sería la expresión de una sociedad en donde los conflictos bélicos buscaban (y protegían) los lugares santos y sus símbolos más preciados. Una época de guerras “santas” en donde grupos religiosos y sus fanáticos militarizados se combatían ferozmente para defenderse y aniquilar a sus enemigos.

 
 

«ARQUEOLOGÍA Y MUJERES. MATERIALISMO HISTÓRICO Y FEMINISMO»


Dra. Trinidad Escoriza Mateu
(Universidad de Almería, España)
tescoriz@ual.es

Escoriza Mateu inició su disertación planteando la necesidad de generar una perspectiva feminista para tratar evidencias arqueológicas que hasta ahora han sido consideradas como no relevantes en una disciplina calificable como “tradicional y patriarcal”. Desde esta perspectiva, las mujeres del pasado son vistas como sujetos fundamentales para la producción y el mantenimiento de la vida social y no como meros objetos. Las fuentes de donde se nutre su propuesta feminista (ya que hay más de una) son el materialismo histórico y algunas perspectivas afines a la teoría de la diferencia sexual.

Según esta investigadora, el “pasado no es neutro y la sexuación del pasado es una cuestión crucial”. En los estudios prehistóricos habría una insensibilidad hacia la presencia femenina –incluso entre algunas de las aportaciones materialistas– lo que llevaría a realizar reconstrucciones del pasado con sujetos neutros-universales, en donde perspectivas esencialistas y universalistas embozarían una estrategia para justificar la actual situación de subordinación y explotación que sufren las mujeres: si fue así en todo tiempo y lugar no hay razón para que no siga siéndolo.

Desde que las diferencias sociales que existen entre los sexos están socialmente construidas, existe la posibilidad de encontrar casos en donde las trayectorias de los colectivos masculino y femenino expresen nuevas situaciones. Sin embargo, las interpretaciones arqueológicas tradicionales han creado estereotipos que encasillan los roles del hombre y la mujer del pasado. Esta “arqueología patriarcal” entiende, restringe y fragmenta la dimensión femenina, sesga las relaciones sociales entre los sexos y pone de relieve el rol masculino –a priori– en la mayoría de los casos y sin ningún tipo de contrastaciones. Asimismo, llevaría a no considerar como trabajos actividades femeninas del ámbito “doméstico” al considerar la procreación y la crianza de las criaturas como una “obligación” natural, así como, a señalar que las demás actividades económicas que podría realizar (horticultura, búsqueda de leña, recolecta de frutos, molienda de granos, etc.) las hacen en su “tiempo libre”, cuando en realidad son fundamentales para la producción y mantenimiento de la vida social. Estas concepciones serían fruto del pensamiento patriarcal dominante que tendrían sus referentes en las sociedades actuales y que proyectan sobre el pasado dichas relaciones de dominación.


ARTE RUPESTRE LEVANTINO (6,000-4,000 a.p.). Representaciones femeninas en diversas actividades productivas (Cortesía: Trinidad Escoriza Mateu).

La investigadora utilizó un ejemplo de interpretación de este tipo proveniente del Arte Rupestre Levantino en la Península Ibérica y analizó un conjunto de representaciones figurativas de mujeres llevando a cabo diferentes tipos de actividades económicas y político-ideológicas y que sin embargo son denominadas por la investigación como aisladas, pasivas, sin actividad, ineficaces, servidoras, sumisas o trofeo de los guerreros. Sin embargo, de su estudio se deduces una visión diferente, distinguiendo toda una serie de actividades o trabajos sistemáticamente realizadas por las mismas como: el desbrozo de los campos, la recolección, la siembra, el pastoreo, el transporte de objetos, hasta algo que había sido sistemáticamente negado, la participación de las mujeres en actividades de caza colectiva. A estos habría además que añadir otros trabajos como la producción de nuevos individuos que no se representa y el mantenimiento de las criaturas, apenas figurado. Curiosamente, la proporción de las representaciones femeninas y su variada gama de actividades económicas es escasa en comparación a las representaciones masculinas en las dos únicas actividades a las que se asocia, la caza y el pastoreo. Agregando que existirían evidencias empíricas que indican que las actividades de caza no aportaron de forma sustancial al mantenimiento de las comunidades de esos tiempos, puesto que la dieta es más variada y en esta la caza tiene un peso poco relevante.

De todo ello concluyó la posible existencia de explotación económica hacia el colectivo femenino, puesto que son las mujeres las que realizan la mayor parte de las actividades económicas. Junto a ello destaca, además, la existencia de una estrategia político-ideológica tendiente a restar importancia a las mujeres en su contribución a la producción y mantenimiento de la vida.

 
 

«MÉTODOS EN ARQUEOLOGÍA: ENTRE EL DATO EMPÍRICO Y EL DATO HISTÓRICO»


Mg. Javier Alcalde
(Universidad Nacional Mayor de San Marcos)
huilca@amauta.rcp.net.pe

Luego de señalar que su disertación enfatizaría aspectos teóricos expresados en los pocos manuales o trabajos teóricos que circulan en nuestro medio, Alcalde se quejó de que la consistencia de estos manuales no tendría correlato con los trabajos de investigación que se ejecutan actualmente en el país.
Propuso que la metodología debería ser entendida como el “derrotero ordenado que conduce los procesos analíticos y sintéticos de la investigación. No es el listado de objetivos, sino su sustento”.

Alcalde se preguntó: ¿Sería conveniente diferenciar teoría, metodología y técnica?. En principio sería muy difícil deslindar los aspectos metodológicos y técnicos de los aspectos teóricos, pero en el proceso de formular la investigación sí sería conveniente separarlos, pues la teoría se expresa como el “marco teórico”. En este punto, previno al público estudiantil –mayoritariamente presente en el seminario– que en la formulación de sus proyectos no deben confundir el marco teórico referencial del autor con el de la investigación que pretenden encarar, un error que juzga bastante común. Así pues, no existiría una diferencia orgánica entre teoría, método y técnica sino una diferencia operativa, aunque existiría una íntima articulación entre éstas.


SAN JACINTO. Templo en “U” del Valle de Chancay. Excavaciones de Lucénida Carrión Sotelo (Foto: V.F.H.) .

Dijo que uno de los lastres de la arqueología peruana es considerarla como “la disciplina que estudia el pasado” y que, además, denomina arqueológico exclusivamente a lo prehispánico. Sostuvo que el objetivo del conocimiento de la arqueología es la sociedad en su proceso histórico y a través de sus restos materiales. El inicio de investigaciones no deben nacer de los hechos mismos sino de problemas planteados, es decir, desde teorizaciones.

Propuso el método hipotético-deductivo como la principal herramienta para la construcción del conocimiento en arqueología. ¿Cómo opera el arqueólogo?, Alcalde respondió este cuestionamiento indicando que en situaciones normales se empieza identificando el problema, el cual tratamos de explicar a través de hipótesis, que luego acotarán un ámbito específico en el cual aplicamos la investigación concreta; es decir, de campo a través de prospecciones, excavaciones, el estudio de colecciones en museos o estudios arqueológicos previos (informes de campo). Sobre esta última fuente, se quejó de la reserva indebida que hace de ellos, el Instituto Nacional de Cultura, sobrepasando el lapso de tiempo que el actual reglamento de excavaciones arqueológicas le faculta para la protección de la propiedad intelectual de sus autores. La instancia respectiva del INC no hace pública esa información.

 
 

«LA ARQUEOLOGÍA COMO COMPRENSIÓN HISTÓRICA: EL CASO DE CONCHOPATA, AYACUCHO»

Lic. Gonzalo Rodríguez
(Pontificia Universidad Católica del Perú)
archeogonz@yahoo.com

La disertación de Gonzalo Rodríguez comenzó con las siguientes preguntas: ¿Cómo pasamos del presente hacia el pasado?, ¿Cómo superamos el abismo del tiempo que nos separa de él?. Para tratar de responder estas cuestiones se inspiró en la siguiente cita: “El tiempo no es principalmente un abismo que tenga que ser cruzado porque separa, es el sustento de un proceso en el cual el presente está enraizado. La distancia temporal no es algo que deba ser superado... es importante reconocer la distancia en el tiempo como algo positivo y productivo, una posibilidad de comprensión llena de continuidad, de las tradiciones y las costumbres en las cuales yace el presente mismo” (Gadamer). Este planteamiento convertiría el tiempo transcurrido, de obstáculo a factor positivo de comprensión en el proceso de acercarnos a los fenómenos del pasado.

Para ensayar este planteamiento Rodríguez tomó por caso a Conchopata (400-970 d. C.), sitio arqueológico del Horizonte Medio ubicado a 2 km de Huamanga (Ayacucho) a unos 2,700 m.s.n.m. Estudiado desde la década de 1920 por diversos estudiosos (incluyendo a Julio C. Tello) fue definido con dos componentes culturales: Huarpa (Periodo Intermedio Temprano) y Wari (Horizonte Medio). ¿Qué sucedió entre los tiempos en que Conchopata era ocupada por estas sociedades precolombinas y la actualidad?, esta pregunta es considerada como relevante por el ponente, pues influiría en nuestra percepción de los restos –que actualmente observamos del sitio arqueológico– durante el proceso de investigación que nos conduce a ciertas conclusiones que ofrecemos como descripción y, posteriormente, explicación del pasado.


CASA WARI: Fragmento de cerámica con representación de fachada de vivienda procedente de Conchopata (Isbell, 2001).

La reflexión sobre los efectos de la historia posterior sobre el yacimiento arqueológico llevó a este investigador a considerar dos factores:

a) La valoración de los monumentos: los significados cambiantes que se han asignado a los monumentos a lo largo del tiempo.
b) La recepción histórica de los monumentos: la diferente percepción histórica de diferentes actores, sobre el monumento.

En un comienzo Conchopata habría sido una aldea rural. Luego, alrededor del 530 d. C. hace su aparición gente nueva en el lugar, los Wari, quienes edifican sobre las moradas Huarpa borrando casi por completo sus huellas. El auge de Conchopata con los Wari abarcaría los s. VI al X d.C. construyendo palacios, templos y talleres que hicieron de esta urbe una de las principales de su imperio. Posteriormente, la región fue ocupada por los Chancas, quienes de tradición cultural diferente, habrían seguido considerando Conchopata como un lugar sagrado. Del s. XIII al s. XV los Incas gobernaron gran parte de los Andes y en la zona de Huamanga existió un pueblo Inca llamado Pucaray. Debido a esto Rodríguez especula que la zona Conchopata pudo estar ocupada por mitimaes de regiones lejanas como los Huayacundos y los Cañaris del sur del actual Ecuador.

Tratando de encontrar un actor que exprese una perspectiva desde la época colonial temprana se mencionó a Huaman Poma de Ayala y su conocida visión de percibir la historia andina precolombina a través de eras. Durante la colonia, Conchopata, cubierta de vegetación pero aún visible, permaneció a las afueras de la ciudad de Huamanga. Sus tierras pertenecieron al español Antonio de Oré, terrateniente y hacendado que, al parecer, las destinó al cultivo de trigo. Finalmente, los actuales pobladores de la zona vinculan Conchopata y sus restos a sucesos maléficos y dañinos.

A comienzos del s. XX, el primer investigador del lugar, en términos de indagar los sucesos históricos, fue Benedicto Flores quien pertenecía a un grupo cultural indigenista en Huamanga. Estos finalmente habrían conseguido atraer la atención de Julio C. Tello, quien excava Conchopata en 1942. Por otra parte, la propiedad de estas tierras correspondían a María Cordero, dentro de su fundo “Chakipampa”.

En 1964 la construcción del aeropuerto de Ayacucho destruyó la mayor parte de Conchopata y permitió una temporada de excavaciones con el objetivo de delimitar el sitio y salvarlo de la destrucción total. Al mismo tiempo, Cordero vendió la mitad de sus terrenos a una asociación de profesores y, poco después, les regaló la otra mitad. Estos, al principio financiaron investigaciones arqueológicas adicionales con la esperanza de construir sus casas posteriormente. Así, hoy en día, los actores, sus miradas e intereses sobre el sitio arqueológico, podrían resumirse en el gobierno peruano, los intelectuales y arqueólogos profesionales, los profesores interesados en la construcción de sus viviendas y el colectivo de la ciudad de Huamanga. Todos ellos con intereses encontrados en relación a un lugar (de menos de 3 ha) que es considerado –al menos por la leyes– como patrimonio cultural, con una permanente amenaza de destrucción.

Las preguntas que un observador podría hacerse sobre los sucesos que se llevaron a cabo en la Conchopata precolombina pueden variar de manera importante considerando su “background” y sus prejuicios, lo importante sería ser conciente de esa situación hermenéutica particular. Según Gadamer, un concepto que ayuda en ese sentido es el de “horizonte”, el rango de visión que uno puede asumir desde un punto ventajoso particular. Así, la capacidad de visión de una persona puede variar conforme su horizonte –de conocimientos– va cambiando, surgiendo así una mayor cantidad de posibles explicaciones. La arqueología podría ser considerada entonces como “una disciplina hermenéutica relativa a la compresión histórica de la cultura material”; una parte del esfuerzo del hombre por comprender su propia Historia.

 
 

« ALCANCES Y VICISITUDES DE ACEPCIONES Y TÉRMINOS EN ARQUEOLOGÍA »

Dr. Jorge Silva Sifuentes
(Universidad Nacional Mayor de San Marcos)
jetsilva50@hotmail.com

Jorge Silva comentó preocupaciones comunes para los arqueólogos –y más para los estudiantes– como son la secuencia y terminología, a las cuales privilegió en su disertación. Todas las ciencias han desarrollado su propia jerga científica, lo cual les posibilita operar a lo largo de una investigación. En este sentido, dijo que la arqueología ha tomado varios de sus términos de otras ciencias, los mismos que han sido aplicados sin evaluación cuidadosa, como por ejemplo: cultura.

La secuencia, que puede ser definida como la sucesión ininterrumpida de escenas que son parte de un conjunto, tiene que ver con el tiempo y la cronología, intrínsecos a la arqueología, y por ello sus análisis son de carácter diacrónico, en la medida que todo fenómeno del pasado se ubica en una línea temporal. En esta dirección subrayó que “el tiempo es una dimensión que si bien escapa al control humano, es manejado a conveniencia de éste; por consiguiente, las secuencias temporales son artificios creados para establecer sucesiones cronológicas que en ocasiones sirven para simplificar el ordenamiento de los hechos y nada más”. Las secuencias se ubicarían en una instancia descriptiva, antes que interpretativa, a pesar de que Hodder dice que toda secuencia es ya de por sí una interpretación.

En otra parte de su intervención alcanzó a la audiencia una serie de preguntas destinadas a la reflexión, como son: “¿Qué realidad alcanzan los arqueólogos?, ¿Cuáles son los límites de las épocas?, ¿No son sólo acaso marcos inventados por los historiadores para comodidad de sus trabajos?. Por ejemplo, los términos aldea global o mundo globalizado serían fórmulas que en lugar de clarificar la comprensión de nuestro tiempo, la tornan confusa.
Señaló que la arqueología científica en el Perú se inicia con la preocupación de ubicar a las culturas en el tiempo mediante la confección de una secuencia, en este sentido la figura del arqueólogo alemán Max Uhle se erige como el fundador de la disciplina en el Perú y América. De acuerdo con Silva, posteriormente, Julio C. Tello no mantuvo el principio descriptivo que toda secuencia debe mantener, agregando un componente interpretativo que posteriormente devino en un práctica común hasta el presente (en este punto Silva también se incluye); tornándose hasta en procesos hermenéuticos en donde las descripciones de nuestros datos se mezclan con sus interpretaciones. Además, sostuvo que la lectura de los trabajos de Tello llevan a pensar que practicó una forma de difusión, característica que compartió con Uhle. Finalmente, trazó un esbozo de los principales momentos del desarrollo de la arqueología nacional, tanto a nivel de los aportes en la investigación como en técnicas y el enriquecimiento de los cuadros de desarrollo cultural en los Andes Centrales.


JULIO C. TELLO

MAX HULE en Tiahuanaco.

Con respecto al debate sobre el surgimiento del Estado y la ciudad resaltó las propuestas de J. Hass, H. Scheele, T. Pozorski y R. Shady que ubican este momento crucial en el Arcaico tardío, discrepando de ellos al sostener que estas instituciones aparecen en el Intermedio Temprano durante los primeros siglos durante nuestra era.

Jorge Silva terminó su intervención con la siguiente cita: “En su búsqueda de este orden que les es necesario los seres humanos revelan también que son narradores de historias. Experimentamos la necesidad de encontrar sentido a una serie de acontecimientos históricos, o en ciertas culturas, de explicar lo que en apariencia carece de sentido confeccionando un relato coherente. En general, una fábula destinada a aliviar nuestras pequeñas miserias. Así, en las historias milenarista la futura edad de oro que comenzará por un big bang apocalíptico, y como el mundo natural apenas se ajusta al esquema previsto en nuestras historias favoritas, con frecuencia, acabamos tejiendo explicaciones falsas de las regularidades o las irregularidades de nuestra historia”.

 
 

«RITUAL Y ARQUITECTURA EN UN CONTEXTO DE COMPLEJIDAD EMERGENTE: EL CASO DE CERRO LAMPAY, VALLE DE FORTALEZA»

Dr. Rafael Vega-Centeno Sara-Lafosse
(PUCP-UNMSM)
fvega@pucp.edu.pe

El disertante tomó de pretexto el análisis de Cerro Lampay para tocar el tema central del origen y naturaleza de las sociedades complejas en los Andes. Expresó que en las últimas décadas, es consenso entre los especialistas que el surgimiento de sociedades complejas se dio en el periodo conocido como Arcaico tardío o Precerámico tardío (ca. 3,000-2,000 a.C.). Para detectar expresiones de complejidad social los arqueólogos generalmente usamos los indicadores siguientes:

a.- Tratamiento funerario diferenciado.
b.- Diferencia en la calidad y escala de la arquitectura residencial.
c.- Aparición de bienes suntuosos.
d.- Sistemas de comunicación simbólica formalizados.
e.- Aparición de arquitectura pública.

Este último factor, especialmente relevante en los Andes, ofrece oportunidad para estudiar la relación entre la construcción de espacios públicos y las sociedades complejas. ¿Cómo se ha concebido esta relación a través de la historia de la arqueología?, en un primer momento se identificó complejidad social y origen de la civilización, tenemos los ejemplos de G. Childe y J. Steward. A partir de la década del sesenta se atiende a las características socio-políticas de las formaciones sociales complejas más allá de sus logros civilizatorios; por sobre de enfoques neo-evolucionistas, funcionalistas o marxistas hubo la tendencia a desarrollar sistemas clasificatorios, con estadíos evolutivos que ordenaran las sociedades bajo estudio. Esta tendencia se extendió al estudio de la arquitectura pública y su relación con la complejidad social, por ejemplo, la propuesta de E. Service de que las jefaturas eran capaces de organizar la construcción de edificios públicos.

De acuerdo con Vega-Centeno, una consecuencia fue que muchos arqueólogos andinistas comenzaron a tomar la presencia de arquitectura pública como correlato directo de un determinado estadio evolutivo. La escala de los edificios podía ser interpretada como indicador de jefaturas (simples o complejas) y Estado. Entonces, la monumentalidad de los edificios expresaba la fuerza de trabajo, el flujo de energía y el manejo de principios técnicos, etc. con una institución centralizada correspondiente que las manejaba, canalizaba y controlaba.


RELIEVES POLÍCROMOS DE MOXEKE. Valle de Casma. Réplica del Museo de la Nación (Foto: V.F.H.).

La crítica a este esquema (neo-evolucionista) se sustenta en los siguientes cuestionamientos:
1.- Incapacidad para contemplar todos los grados y formas de variabilidad de las formaciones sociales que, en teoría, deberían formar parte de estadíos semejantes.
2.- Constatación de que ciertas manifestaciones significativas de jerarquía y desigualdades existían en sociedades previamente consideradas como simples o igualitarias.
3.- Se ha constatado que estas sociedades simples –en varios casos– son más, una construcción teórica de los enfoques evolucionistas, que una realidad empírica.

Señaló que las jefaturas o estados prístinos (supuestas primeras etapas de complejidad) son en todo caso –de ser válidos– las últimas fases de los procesos hacia la complejidad. Los esquemas neo-evolucionistas consideran que las sociedades complejas son sistemas “autorregulados” y su disolución sólo se daría por la formación de un estadío superior, una lógica funcional que incluso se encontraría en algunos enfoques autodefinidos como marxistas. La crítica a esta postura señala que con frecuencia se ignora que las formaciones complejas son producto de fuerzas diversas y contradictorias, que muchas veces requieren de mecanismos específicos para mantener posiciones de poder y privilegios. De manera que varios investigadores han planteado estudiar no sólo el surgimiento de las civilizaciones sino también sus colapsos y posibilidades de “regresiones evolutivas”.


TEMPLO MOXEKE. Recreación del Museo de la Nación.

Por último, Vega-Centeno indicó que el neo-evolucionismo plantea el principio que las sociedades complejas se caracterizan por ser centralizadas y jerárquicas –aspecto no criticado– que, como consecuencia, propone el paso de una sociedad simple a una compleja en términos de lo simple no-jerárquico y segmentario a lo complejo jerárquico y centralizado (“diferenciación binaria”). Lo cierto es que las relaciones sociales –en este momento particular de la historia– podrían combinar formas jerárquicas con no jerárquicas y, las instituciones directoras, grados mediatizados de centralización y toma de decisiones. Los planteamientos del neo-evolucionismo devendrían, entonces, en “paradigmas extremos” e ideales.

La superación de tipologías y clasificaciones, amén del estudio de las trayectorias específicas de los diferentes pueblos, ha sido planteado como alternativa en el estudio de los procesos sociales hacia formas cada vez más complejas. ¿Cómo se negocian y consolidan las relaciones sociales durante esta etapa?, ¿Cómo se obtienen y legitiman los intereses económicos y políticos de los diferentes grupos?, ¿Cómo determinados órdenes sociales son reproducidos o cuestionados?. Todos estas preguntas demandan un registro sistemático más riguroso y detallado por parte de la arqueología, para detectar y estudiar “las prácticas sociales de grupos humanos específicos y su relevancia en la reproducción o transformación de un orden social dado”. Finalmente, mencionó a P. Bourdieu y A. Giddens como autores contemporáneos que ofrecen conceptos útiles para el estudio de estas “prácticas sociales” que no son productos mecánicos de determinadas condiciones objetivas de existencia, pero tampoco del libre albedrío independiente del entorno social.

Estas exigencias teóricas y metodológicas fueron ensayadas en sus investigaciones en Cerro Lampay (2,400-2,200 a.C.), uno de los 50 sitios arqueológicos potencialmente asignables al Arcaico tardío, en un ámbito que P. Kosok definiera como “El Sistema de Valles de Pativilca”.

 
 

«UNIDADES MULTICOMPONENTES: EL USO DEL MUESTREO SISTEMÁTICO AL AZAR EN CHAVÍN DE HUÁNTAR»

Mg. Christian Mesía Montenegro
(Universidad de Stanford, Estados Unidos)
mesia_christian@yahoo.com

Christian Mesía nos relató las vicisitudes metodológicas que le cupo enfrentar durante sus investigaciones en el denominado “Sector Wacheqsa” de Chavín de Huántar, en relación al uso del muestreo y su grado de validez en las excavaciones arqueológicas.

Para comenzar rescató los aportes que en su momento hicieron autores como Taylor, Willey, Binford y Flannery, ahora cuestionados, pero que sirvieron de referentes sobre los cuales se plantearon nuevos enfoques, y en otros casos estimuló el desarrollo y mejoramiento de líneas teóricas clásicas.

Para Mesía, una teoría es “un sistema deductivo estructurado lógicamente” y el método “aplicaciones destinadas a recuperar hechos o datos empíricos”. En este sentido tomó por caso las excavaciones por muestreo sistemático, en donde hay valores y conceptos que les dan categoría científica.

El “Sector Wacheqsa” es un área de más de 10,000 m2 ubicado al N del complejo. Fue excavado por primera vez por W. Bennet en 1938, luego por Julio C. Tello en 1940 y finalmente Rosa Fung entre 1972 y 1976. El ponente expuso una serie de nuevas evidencias en este sector que se muestra compuesto de varias áreas de funciones diferenciadas, incluyendo talleres y viviendas.

Considerando limitaciones de tiempo y recursos, ¿Cómo muestrear una zona extensa y multicomponente?. Hay varios tipos de muestreos, entre los que mencionó:
a.- Muestreo al azar: propuesto como uno de los más objetivos.
b.- Muestreo sistemático: preferido por los arqueólogos. Es más ordenado y su eficacia depende de los intervalos entre las áreas de excavación.
c.- Muestreo dirigido: se basa sobre el conocimiento previo de la zona a través de rasgos y evidencias de superficie. Se asume que esta representación es válida en el subsuelo.

Este investigador decidió acotar el área de excavación en la parte central del sector (3,578 m2), escogiendo un problema sugerido por los datos recogidos en las dos temporadas previas y las características de Chavín de Huántar: la presencia de artesanos. Para ello inició cálculos estadísticos que finalmente demandaban excavar 939 m2, divididos en 469 unidades de 2x2 y con un índice de ocurrencia (éxito) de 6%. Con este resultado Mesía se preguntó: “¿De dónde voy a sacar los recursos para estas excavaciones?” y, por añadidura, “¿en un sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO?”.


CHAVÍN DE HUÁNTAR. Recreación (Richardson III, 1994).

La revisión de la estrategia de investigación lo llevó a reparar en el hecho de que el muestreo escogido era para definir densidad, y la densidad de talleres en la zona no era su meta. Su meta era definir la relación entre un área de actividad artesanal y el centro ceremonial. Decidió entonces establecer un muestreo no probabilístico dirigido a caracterizar un tipo de contexto específico: el taller, dejando de lado el tema de la densidad de los mismos. Los indicios ya recuperados le ayudaron a elegir un área de 400 m2, con sectores de 100 m2 y dentro de ellas ejecutar 16 unidades de excavación alternadas de 2x1 m., el objetivo era detectar y recuperar los contextos buscados a dos metros de profundidad y, con flexibilidad, ampliar y/o abandonar unidades una vez detectados. Resultado de ello, ejecutó un muestreo al azar, no probabilístico, sistemático y flexible que cubrió el 10.6 % del área central seleccionada y el 3.74 % del área total.

Entre sus hallazgos más novedosos se encuentran fragmentos de estuco pintado y bloques de barro con improntas de cañas (algún tipo de “quincha”), lo que indicarían que Chavín de Huántar estuvo cubierto de una capa de enlucido de barro pintado y existió una arquitectura monumental de barro. Según Mesía, ya Tello en 1940 indicaba en sus notas de campo la presencia de fragmentos de barro y los explicaba por la presencia de ídolos de barro similares a los Moxeque. Por otra parte, W. Bennet en 1938 descubrió una estructura parcialmente destruida hecha de quincha recubriendo muros de piedra en la cima del Edificio “D”.

De acuerdo con este investigador, ha llegado el momento de reformular la percepción del centro ceremonial de Chavín de Huántar, en el sentido de concebir sus espacios como un mecanismo de convencimiento a través de la manipulación espacial y presentación del monumento –en forma completamente consciente– con el fin de ganar prestigio. Este planteamiento ha sido desarrollado en los últimos años por J. Rick.