VILLA RICA DE POTOSÍ
 


EL CENTRO HISTÓRICO DE LA «VILLA RICA DE POTOSÍ». BOLIVIA

La historia de la fundación española de la ciudad de Potosí y la explotación de su famoso “Cerro Rico” de plata se rodea de leyenda. Se cuenta que fue un tal Diego Huallpa quien de manera casual descubre las primeras vetas de plata en el cerro Sumaj Orcko, actualmente conocido como «Cerro Rico». El proceso de configuración de nuestras actuales repúblicas atravesó por varios momentos políticos, y en aquellos primeros años de instauración del orden colonial en América del Sur, Potosí se encontraba bajo la jurisdicción del Virreinato del Perú. Es así que en 1572 Don Francisco de Toledo ordenó la ciudad que, hasta ese momento, había crecido rápida y caóticamente ante el estímulo de la explotación minera.

Fue también Toledo quien fundó la primera Casa de Moneda en Potosí cuyo producto más famoso fueron las rústicas monedas llamadas “macuquinas”, del quechua “makaicuna”, que significa golpear o pegar, pues las monedas eran hechas a golpe de martillo. La actual Casa de Moneda fue construida entre 1759 y 1773 y fue la edificación civil más grande que los españoles construyeron en América. Estuvo en funcionamiento hasta 1958, llegando a sumar un ciclo de amonedación de 230 años. Hoy es uno de los museos y centros culturales más importantes de Bolivia y América.


Casa de Moneda en Potosí.
Nótese su impresionante portada. (Foto: VFH).

Se dice que “El nacimiento de la historia como disciplina se ha asociado a la aparición de documentos escritos por parte de individuos que hablan sobre sí mismos o sobre otros individuos que los precedieron. La palabra historia procede del griego y significa, literalmente, relato. Se trata de un relato confeccionado a base de apuntes que contienen información, por eso en griego «historia» también significa exploración o conocimiento producto de la información que se ha ido atesorando.” (Ballart, 2002: 31). Un centro histórico es también un documento pues su tejido, sus conjuntos arquitectónicos y la organización de sus espacios son testimonios rotundos de los hechos históricos que afectaron a un país, a un continente y hasta al mundo.

En ese sentido, como las bibliotecas o los museos, los centros históricos son repositorios de relatos que necesita un tratamiento y administración acorde con esta calidad. Pero a diferencia de los primeros, en él vive una comunidad que desarrolla sus actividades socio-económicas cotidianas y prioritarias; por ello, es mucho más complejo coordinar las medidas para su adecuada administración y conservación. Más aún si se dilata la promulgación del necesario reglamento de sus planes maestros que, por ejemplo, en el caso del Centro Histórico del Cusco ha tardado 22 años (Sotomayor, 2006).


Balcones coloniales sobre una calle del centro histórico de Potosí. (Foto: VFH).

Como otros centros históricos que se encuentran umblicalmente unidos a algún rasgo geográfico (Lima al río Rímac, Valparaíso a su bahía), “La Villa Rica de Potosí” es indesligable de su Cerro Rico, agudo y de perfil cónico casi perfecto, parece resguardar la ciudad que originó. Se dice que hasta ha perdido tamaño y que sus innumerables túneles mineros no cuentan con un mapa de distribución.


Balcones republicanos del centro histórico.
Nótese al fondo el Cerro Rico. (Foto: VFH).

También es conocida la explotación y mortandad a la que fueron sometidos los indígenas en las minas. Eduardo Galeano, escritor uruguayo, estima que sucumbieron 8 millones de seres humanos en la vorágine de la explotación minera durante la Colonia. En un artículo reciente, este mismo escritor latinoamericano dice: “de todas partes marchaban, prisioneros, rumbo a la boca que conducía a los socavones. Afuera, temperaturas de hielo. Adentro, el infierno. De cada diez que entraban, sólo tres salían vivos. Pero los condenados a la mina, que poco duraban, generaban la fortuna de los banqueros flamencos, genoveses y alemanes, acreedores de la corona española, y eran esos indios quienes hacían posible la acumulación de capitales que convirtió a Europa en lo que Europa es.” («El país que quiere existir»).

Por un costo de 80 bolivianos (unos diez dólares) se puede contratar los servicios del equipo y un guía que te llevan a conocer las entrañas de una de las minas. Aparte de las vías para el vagón de minerales tirado a tracción humana y mangueras para el trasporte de oxigeno hacia las profundidades, no ha cambiado mucho el drama del minero. Arduo trabajo en pésimas condiciones de seguridad y explotación, Potosí sigue siendo una vena abierta de América latina.


Mineros en plena labor en Potosí. (Foto: MAIC).

En las afueras de la mina. (Foto: MAIC).

En las minas de Potosí aún persiste la extraña y trágica mezcla de lucha por sobrevivir y codicia que fue y es sino de su historia. Drama que originó la ciudad cuyo centro histórico ha sido considerado por la UNESCO un testimonio digno de ser preservado como Patrimonio de la Humanidad (1987). Edificios ciertamente cargados y densos de historia, hermosos y singulares, pero que dan lugar a la perplejidad ante la persistencia, también, del drama humano que acaece en las oscuras entrañas del Cerro Rico.

Uno se puede imaginar a los indígenas de la Colonia, al ver a los mineros contemporáneos trabajar los minerales en condiciones prácticamente artesanales y premodernas. Esta parte indispensable del relato (y de una visita a Potosí), a diferencia de los fríos edificios del hermoso centro histórico, tienen testimonios cálidos de la piel sudorosa y la enérgica- cansada voz del minero boliviano; que no ha sido declarado patrimonio nacional, pero que debería serlo por su sacrificio y ubicuidad en la historia de Bolivia.

A unos días de las recientes elecciones generales en Bolivia, sus ciudades vivían un ambiente efervescente marcado por la tensión de los candidatos; en vilo por el despunte de aquél que se proclamaba representante de los más pobres, pero como los peruanos ya sabemos, no siempre los orígenes humildes o los rasgos del rostro son garantía de coincidencia de intereses. Sin embargo, lo más conmovedor de los pueblos de nuestra América es su esperanza que –parafraseando a Pablo Neruda– parece vertida en lo inacabable. Así también, el aymara orureño Evo Morales Ayma, presidente electo de este país hermano parece sostener las esperanzas del inicio de cambios en las condiciones de extrema pobreza y explotación que sufren secularmente la mayor parte de los bolivianos.

Victor Falcón Huayta
Enero del 2006

 

Bibliografía

Ballart, Joseph. 2002. El Patrimonio Histórico y Arqueológico: Valor y Uso. Ariel Patrimonio. 2da edición. Barcelona.

Brailovsky, Antonio Elio. 1986. Tiempo de Opresión. Editorial de Belgrano. Buenos Aires.

Casa Nacional de Moneda. s/f. Casa de Moneda. Guía de Museo. Potosí.

Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia. Casa Nacional de Moneda. s/f. Pintura de la Escuela Potosina. Catálogo. Potosí.

La Razón. Zoom (Dossier). N° 13, viernes 9 de diciembre. Candidatos. Guía para decidir en las históricas elecciones del 2005. La Paz.

Sotomayor, José Carlos. Al Rescate del Centro Histórico del Cusco. La República (Diario). Domingo 8/1/2006. Lima.